viernes, 13 de julio de 2012

viernes, 13 de abril de 2012

El línea justiciero

El juez de línea sabe que metió la pata. Por eso se ríe, nervioso.
Transcurre el segundo tiempo y la culpa lo acecha: es un hombre a medias, que padece el horror de haber hecho injusticia.
Entonces se aproxima en tono amical al banco perjudicado. Sabe que, si quiere, en sus manos está la reparación.
Y, guiño mediante, suelta una frase tranquilizadora para el DT y los suplentes: “si se ordenan un poco –les dice, consejero y cómplice– me parece que lo ganan…”.
Y lo ganan, con un gol en orsai.

Se para el mundo

Ponele que en un bar de Villa Parque hay, a veces, una mesa multitudinaria. Brotan las palabras a borbotones.
Pero una noche de pronto se hace un silencio cuando el tipo, en tono de enseñanza, advierte a la pequeña muchedumbre interlocutora: “Cuando uno se tira un pedo, se para el mundo”.
Y el mundo se para, nomás.

Más claro...

Ponele que hubo un discurso largo, prolijo y argumentado. Hubo gestos y palabras justas. Hubo una propuesta y una demanda. Pero hubo una respuesta que superó todo: "No me jodás con las cosas claras, porque no sé qué decirte".

El amor es ciego

Ponele que hasta amagó a llorar. Y me dijo, convencido: “Tiene las pestañas tan grandes, que ni mirarme le dejan”.

Yo que vos...

Ponele que ella dijo, intrigante: “La verdad es que no sé qué hacer”.
Y él: “Yo que vos… me quedo conmigo”.

Cagar es un placer genial, sensual...

Ponele que estaba pituca la cena y pituca la señorita.
Y sin embargo, suelta sin avisar: “A mí me gusta cagar en baños nuevos”.
Y encima después aclara: no es que disfrute de los sanitarios flamantes, sino de ir probando distintos inodoros. Es decir: ir bautizando baños con el culo.

¿Y sin ella?

Ponele que preguntó, casi inquisidora: “¿Y vivís con ella?”
Y él, tan tierno: “No importa si vivo con ella. Importa que vivo por ella”.

El Hado Madrino

Ponele que describió con sabiduría cada uno de los gustos: las delicias del Supermercado del Helado, el Coco de Grido, los Frutos del Bosque de Mónaco, el Sambayón de Vittorio, el dulce de leche de Robert's, los chocolates de la Chiara.
Y después confesó su temor: "Voy a terminar en Heladictos Anónimos".